Al comienzo pensó que era una arma y pensó no abrir el maletín, pero luego la curiosidad mató la sospecha y abrió la carga. Adentro miles y miles de dolares causaron casi un desmayo en la mujer, pero luego entró en razón y cerró el maletín, aseguró al perro con su correa y se fue a la policía.
Al llegar, un hombre corría desesperado de un lado a otro y los policías entraban en colapso al tratar de calmarlo. Margaret se acercó a la escena y mostró el maletín. Los policías la miraron como tan sincera llegó caminando al lugar. Entraron y se mostró de quién era el maletín. Finalmente el hombre multimillonario saltaba en alegría al recuperar su fortuna. Le agradeció a la señorita y le entrego $30.000 y aparte unas monedas para el transporte. El hombre subió a su limocina y partió como si nada hubiese pasado.
Margaret caminó de todos modos acompañada del perro. Pero interrumpió el viaje entrando a un humilde almacén. Ahí compró una caja de té y un poco de jamón.
Eran casi las 5, pero ella ya estaba en su casa preparando el té para la tarde como era de costumbre.
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